8 de Septiembre de 2014
Cuando a mi abuela le diagnosticaron Alzheimer, ninguno estábamos preparados. Sabíamos, o eso creíamos, en qué consistía la enfermedad; pero no creo que haya nada que pueda realmente prepararte para el día a día; sobre todo porque cada enfermo es un mundo y las circunstancias varían de unos a otros, igual que las de sus familias.
Cuando a mi abuela le diagnosticaron Alzheimer, ninguno estábamos preparados. Sabíamos, o eso creíamos, en qué consistía la enfermedad; pero no creo que haya nada que pueda realmente prepararte para el día a día; sobre todo porque cada enfermo es un mundo y las circunstancias varían de unos a otros, igual que las de sus familias.
No estudié medicina ni geriatría, no pretendo ser una experta en nada. El sentido de este blog es mucho más modesto: intento compartir nuestra experiencia para, en la medida de lo posible, dar a conocer un poco más la enfermedad; ayudar aunque sea minimamente a quienes se encuentren en una situación similar; y sobre todo, rendir un pequeño homenaje a mi abuela.
Recuerdo que una de las cosas que nos repetían mucho al principio es que el cuidador tiene que cuidarse. A mi aquello me parecía horrible ¡¡¡pero si la enferma era ella!!!
Con el tiempo, he llegado a entenderlo y a valorar ese consejo. Aunque efectivamente el enfermo es solo uno, el Alzheimer es una enfermedad que desgasta no solo a quien la sufre, sino también al entorno más cercano.
Mi abuela lleva enferma seis años, al menos de forma evidente. Hasta entonces vivía sola, se ecargaba de su casa, hacia las compras, salía a caminar... Muy de vez en cuando y a regañadientes, conseguíamos que pasase pequeños periodos en casa de sus hijos, pero le faltaba tiempo para salir de nuevo pitando a su casa... Era una mujer independiente e inquieta, que necesitaba sentirse útil.
En el momento en que estoy escribiendo estas lineas, mi madre le está dando el desayuno con una jeringa porque ha dejado practicamente de masticar. Es 100% dependiente, no habla (ocasionalmente palabras ininteligibles) y su movilidad es cada vez más escasa. Tiene 88 años.
Mi abuela lleva enferma seis años, al menos de forma evidente. Hasta entonces vivía sola, se ecargaba de su casa, hacia las compras, salía a caminar... Muy de vez en cuando y a regañadientes, conseguíamos que pasase pequeños periodos en casa de sus hijos, pero le faltaba tiempo para salir de nuevo pitando a su casa... Era una mujer independiente e inquieta, que necesitaba sentirse útil.
En el momento en que estoy escribiendo estas lineas, mi madre le está dando el desayuno con una jeringa porque ha dejado practicamente de masticar. Es 100% dependiente, no habla (ocasionalmente palabras ininteligibles) y su movilidad es cada vez más escasa. Tiene 88 años.
