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sábado, 6 de septiembre de 2014
 6 de Septiembre de 2014

  Mi abuela se quedó viuda con 61 años, al morir mi abuelo de cancer. Para entonces, sus tres hijos ya no vivían en casa y habían nacido tres de sus cinco nietos.

  Era una mujer activa, tanto que le ha ocasionado "riñas" en más de una ocasión por subir cargada de la compra, por irse a caminar demasiado lejos... 

  Le gustaba estar en su casa, y las escasas ocasiones en que mi madre o mis tíos la convencían para que pasase unos días con ellos se convertían en una "excusa" para ayudarles con la casa, con los niños... En cuanto notaba que trataban de "obligarla" a descansar, o tomarse las cosas con más calma, le faltaba tiempo para "recordar" algo que había dejado sin hacer y volver a su casa.

  Era una mujer callada, discreta, tranquila... En mis 36 años, pocas veces la he visto enfadada, o al menos levantando la voz... Jamás la he visto quejarse por nada, ni cuando le dolía algo, de lo que, en muchas ocasiones, nos enterábamos cuando ya había pasado. Tal vez por eso, los primeros síntomas de su enfermedad pasaron bastante desapercibidos.

  Era el pilar que siempre estaba ahí para todos nosotros, que sufría en silencio cuando nos veía pasarlo mal por cualquier razón, que siempre tenía las puertas de su casa abiertas para su familia, y que nunca dudó en salir corriendo si cualquiera de nosotros la necesitaba. 

  No recuerdo haberla escuchado nunca hablar de sus problemas, o de sus tristezas (y estoy segura de que las tenía), y sin embargo la recuerdo escuchando los mios en numerosas ocasiones... Recuerdo su mirada preocupada si estaba en casa y mis padres discutían, o mi hermano y yo, o cuando lo hacían sus hijos entre ellos...

  Recuerdo su sonrisa satisfecha en las ocasiones en que nos juntábamos todos a comer en casa, y la paciencia con que soportaba el bullicio de tanta gente pese a lo poco que le gustaba el ruido o la gente demasiado parlanchina (en esto no tuvo suerte ni con los hijos, ni con los nietos).

  Recuerdo el cariño con que hablaba de mi abuelo, sus historias sobre el pueblo (ellos vinieron desde Galicia cuando mi madre y mis tíos eran pequeños), sobre la época en que trabajó en Santiago, lo mucho que la irritaba el marujeo tan habitual en un barrio pequeño como el suyo...

  Recuerdo como eran las cosas antes de que ella empezase a olvidar...

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